Hechos 2025-10-21 14:50:35

Estas orugas del gusano de cera pueden comer y digerir una bolsa de plástico en solo un día


El gusano que come plástico: cómo el descubrimiento accidental de un apicultor podría ayudar a salvar el planeta

Los científicos contuvieron la respiración mientras abrían el vientre del animal más grande del mundo. Lo que cayó fue horrible: miles de pedazos de plástico que pesaban 220 libras. En el invierno de 2019, un joven cachalote llegó a la costa de la playa de Luskentyre en Escocia, con el estómago lleno de bolsas de plástico y redes de pesca de nailon que habían bloqueado su sistema digestivo y lo habían matado de hambre.

Escenas desgarradoras como esta se han vuelto cada vez más comunes en los últimos años, desde tortugas marinas estranguladas con anillos de plástico hasta aves marinas que mueren con tapas de botellas en el estómago. Los esfuerzos globales para reutilizar y reciclar el plástico han ayudado en cierta medida, pero aún están lejos de ser suficientes para hacer frente a los miles de millones de toneladas de desechos que produce la humanidad. Sin embargo, un reciente descubrimiento accidental ha despertado nuevas esperanzas entre científicos y ambientalistas por igual.

Mientras limpiaba sus colmenas, una apicultor aficionada tropezó con algo extraordinario: un organismo capaz de descomponer uno de los plásticos más resistentes jamás fabricados. Ese encuentro casual podría cambiar la forma en que lidiamos con las montañas de plástico que asfixian nuestros océanos, suelos e incluso nuestros propios cuerpos.

El feliz accidente de un apicultor

Dra. Federica Bertocchini, una bióloga española que cría abejas como pasatiempo, hizo el descubrimiento mientras limpiaba sus colmenas. Notó pequeños gusanos retorciéndose que devoraban la cera de abejas y dañaban sus colmenas. Disgustada, los metió en una bolsa de plástico y la dejó a un lado.

Cuando regresó más tarde, notó que la bolsa estaba llena de agujeros. Los gusanos no sólo estaban masticando, sino que parecía que el plástico mismo se estaba disolviendo. Sus instintos científicos se activaron de inmediato. Recogió los gusanos, conocidos como Galleria mellonella o gusanos de cera, y los llevó a su laboratorio para realizar más investigaciones.

En sus palabras: "Mis colmenas estaban plagadas de gusanos de cera, así que comencé a limpiarlas y a poner los gusanos en una bolsa de plástico. Después de un tiempo, noté muchos agujeros. Descubrimos que no era solo masticación, sino descomposición química. Ese fue el comienzo de la historia".

Los gusanos de cera son las larvas de la polilla mayor de la cera, comúnmente utilizada como cebo de pesca. Naturalmente, infestan las colmenas y se alimentan de cera de abejas, un material hecho de hidrocarburos complejos. La similitud entre la cera y el plástico resultó ser la clave.

Gusanos de cera versus polietileno: la naturaleza se enfrenta al plástico más resistente

El polietileno representa casi un tercio de todo el plástico producido en el mundo. Se utiliza en bolsas de supermercado, botellas e innumerables formas de embalaje, y es notoriamente resistente a la descomposición. En la naturaleza, la degradación puede tardar siglos, incluso milenios.

Dra. El equipo de Bertocchini descubrió que los gusanos de cera podían descomponer químicamente el polietileno en cuestión de horas. Un análisis posterior reveló por qué: tanto la cera de abejas como el polietileno están compuestos de largas cadenas de carbono, y la saliva de los gusanos contiene enzimas que oxidan y escinden estos polímeros.

Los investigadores identificaron estas enzimas como fenol oxidasas, potentes catalizadores naturales capaces de descomponer los plásticos en condiciones cotidianas suaves. Los hallazgos, publicados en Nature Communications, conmocionaron a la comunidad científica.

Enzimas que funcionan a temperatura ambiente

En estudios de seguimiento, investigadores del Centro de Investigaciones Biológicas de Madrid identificaron más de 200 proteínas en la saliva de los gusanos, reduciendo dos enzimas clave que realizaban el trabajo pesado. A diferencia de la mayoría de los procesos de reciclaje industrial que requieren mucho calor, presión o productos químicos agresivos, estas enzimas funcionan a temperatura ambiente, en agua corriente y con un pH neutro.

Eso es un punto de inflexión. El reciclaje de plástico tradicional suele consumir más energía de la que ahorra y genera contaminación secundaria. Las enzimas del gusano de cera, por otro lado, realizan la misma función de forma limpia, económica y eficiente.

Los experimentos de microscopía óptica mostraron que las enzimas digieren gradualmente las partículas de microplástico a lo largo del tiempo, y la mayoría de las partículas desaparecen por completo en 10 días a temperatura ambiente, y en solo nueve horas cuando se calientan a 60 °C.

Las bolsas de plástico desaparecen en horas en lugar de siglos

La diferencia de velocidad es asombrosa. Las bolsas de polietileno enterradas en vertederos pueden permanecer intactas durante cientos de años, simplemente fragmentándose en microplásticos más pequeños que persisten indefinidamente. Las enzimas del gusano de cera reducen esa vida útil de siglos a meras horas.

El profesor Andy Pickford, director del Centro de Innovación Enzimática de la Universidad de Portsmouth, calificó el descubrimiento de "extraordinario" y señaló que podría revolucionar la forma en que procesamos los desechos plásticos: "Si estas enzimas se pueden replicar y ampliar, podríamos convertir los desechos de polietileno en recursos útiles en lugar de vertederos".

Más allá de las bolsas: descomponiendo múltiples plásticos

Las enzimas no solo digirieron el polietileno. Las pruebas revelaron que también podrían degradar el PET (tereftalato de polietileno), utilizado en las botellas de refrescos, y el PBT (tereftalato de polibutileno), utilizado en la electrónica. Incluso manipularon PBS (succinato de polibutileno), un plástico biodegradable.

Esta versatilidad le da a la tecnología una ventaja. Eventualmente podría complementar otros avances, como la “superenzima” japonesa que come botellas de PET o las bacterias marinas que pueden digerir la espuma de poliuretano. Al parecer, la naturaleza está evolucionando más rápido de lo que imaginamos para abordar el desastre de la humanidad.

De la saliva de gusanos a las soluciones industriales

Criar miles de millones de gusanos de cera no es práctico, pero aprovechar sus enzimas sí lo es. El Dr. Bertocchini imagina kits de enzimas a base de agua para uso doméstico y aplicaciones a escala industrial. Los hogares algún día podrían disolver bolsas de plástico de forma segura en soluciones enzimáticas, mientras que las plantas de reciclaje utilizarán la misma química para convertir los residuos en valiosas materias primas.

Cuando el plástico PET se descompone, por ejemplo, produce ácido tereftálico (TPA) y etilenglicol, compuestos que pueden reutilizarse para fabricar plástico nuevo o convertirse en otros materiales industriales.

El auge de las enzimas de imagen especular

Se produjo un avance relacionado cuando los científicos crearon versiones en “imagen especular” de enzimas que degradan el plástico utilizando D-aminoácidos en lugar de L-aminoácidos naturales. Estas enzimas reflejadas no se degradan tan fácilmente, lo que significa que permanecen activas por mucho más tiempo en el suelo o el agua de mar.

Las pruebas publicadas en Chem mostraron que las enzimas de imagen especular duraron más de 15 días en el suelo y el agua de mar, en comparación con sólo dos a cuatro días para las enzimas naturales. Esto podría abrir la puerta al tratamiento de microplásticos en la naturaleza, tal vez incluso dentro del cuerpo humano.

Se han encontrado microplásticos en la sangre, los pulmones y las placentas humanas. Debido a que las enzimas D-aminoácidos tienen una baja inmunogenicidad, los investigadores especulan que algún día podrían ayudar al cuerpo a descomponer y eliminar de forma segura estos contaminantes invisibles.

Un largo camino hacia el uso generalizado

A pesar del entusiasmo, esta tecnología aún está en su infancia. La producción de enzimas sintéticas sigue siendo costosa, con altos costos de fabricación y bajos rendimientos. Pero las mejoras en la síntesis y automatización de péptidos pronto podrían hacerlos más accesibles.

La promesa del “bioreciclaje” (utilizar sistemas vivos o de bioingeniería para recuperar residuos) señala un cambio fundamental en la estrategia ambiental. En lugar de depender únicamente del reciclaje mecánico o químico, la humanidad podría recurrir a los propios principios de diseño de la naturaleza en busca de ayuda.

Millones de toneladas, un gusano esperanzador

Cada año, la humanidad produce más de 400 millones de toneladas de plástico, gran parte del cual termina en los océanos y los suelos. Desde la cima del Monte Everest hasta la Fosa de las Marianas, los microplásticos contaminan ahora todos los rincones de la Tierra. Sólo alrededor del 9 % de ese plástico se recicla.

El reciclaje basado en enzimas podría cambiar esa ecuación, especialmente cuando se combina con una gestión de residuos más inteligente, un consumo reducido y materiales biodegradables. Al imitar la química natural de una simple oruga, podríamos desbloquear formas sostenibles de transformar los residuos en recursos.

Pequeño gusano, gran mensaje

Los gusanos de cera nos recuerdan que la naturaleza a menudo contiene las soluciones a los problemas que hemos creado. La respuesta a una crisis ambiental global puede provenir no de un laboratorio o una sala de juntas, sino de una humilde criatura que alguna vez vivió tranquilamente dentro de una colmena.

Este descubrimiento ofrece una profunda lección de humildad y esperanza: la innovación no siempre significa inventar algo nuevo; a veces significa redescubrir el poder de lo que ya existe. Si aprendemos a trabajar con la naturaleza en lugar de contra ella, es posible que aún encontremos una manera de limpiar el desastre que hemos causado.

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